Su nombre: Tizón Matecito (o simplemente Tizón para los amigos cercanos).
Su historia:
Tizón Matecito nació hace muchas lunas en las profundidades de un viejo algarrobo del monte chaqueño, donde el viento lleva aroma a tierra mojada y a yerba recién cortada. No es un duende cualquiera: es un gnomo del mate y las brasas, un guardián de las tardes tranquilas y de las charlas eternas junto al fuego.
Cuando era chiquito, Tizón se perdió en una tormenta de verano y terminó refugiándose en una casa abandonada en el campo. Allí encontró una pava vieja, una bombilla torcida y un paquete de yerba olvidado. En lugar de asustarse, se sintió en casa. Desde ese día juró que nunca más dejaría que una ronda de mate se enfriara ni que una vela se apagara por falta de compañía.
Sus cualidades mágicas principales:
Calor del alma instantáneo
Con solo sostener su pava negra (que nunca se enfría), puede hacer que cualquier persona sienta un calorcito reconfortante en el pecho, como si estuviera envuelto en una frazada tejida por la abuela. Ideal para días fríos o corazones tristes.
Mate que nunca se acaba
Por más que cebes y cebes, la yerba de su mate siempre queda perfecta: ni lavada ni amarga. Dicen que si alguien comparte un mate con Tizón de buena gana, ese mate trae buena suerte por siete días (y a veces un sueño lindo con olor a campo
Susurro de consejos en el humo
Cuando Tizón sopla suavemente sobre la pava, el vapor forma dibujitos o palabras que solo la persona indicada puede entender. Son consejos cortitos pero certeros: "No te apures", "Escuchá más", "Abrazá fuerte" o simplemente "Todo va a estar bien, che".
Tizón vive ahora en las casas donde hay alguien que valora las cosas simples: una taza caliente, una charla sin apuro. Se aparece de noche, se sienta en el borde de la mesa o en un banquito improvisado, ceba un mate silencioso y se queda un rato acompañando. Nunca pide nada a cambio, solo que no lo echen ni le tengan miedo... y que de vez en cuando le dejen un terroncito de azúcar o una galletita cerca de la vela.